Rueca innombrable
Por Doribal Enríquez
nosotros reunimos nuestras soledades
desautorizadamente
Gastón Baquero
el hechicero aguarda como un labio o una tumba.
constantinopla deja pasar la benevolencia, la trampa, la oquedad.
yo dejé –dice- mi reino y mi nostalgia
en busca del hechizo mayor.
dejé –reitera- a la mujer,
el hastío, los sueños,
para ver la autenticidad de los regresos.
constantinopla no pierde un momento en tales desvaríos,
está segura de sus propias dádivas,
y no le hacen falta sino vientres maternos.
el hechicero vuelve para dejar constancia:
una piedra, una víspera
-la ciudad se persigna.
Si constantinopla le abre sus puertas,
él rescatará la memoria;
dedicará plegarias para que lo dejen pasar,
como a un invocado,
un brujo,
una rueca innombrable.
Doribal Enríquez