EDITORIAL

Uno de los más grandes desafíos que enfrenta la Humanidad hoy día, es el vencimiento a la reticencia de diálogo que resulta, sobre todo, de la falta de tolerancia y de un coeficiente de soberbia que empaña el obrar humano. El Papa Juan Pablo II abrió las puertas de par en par a ese diálogo que debe primar en nuestra existencia y que nada resquebraja la defensa del criterio propio y de las acciones consecuentes y veraces que emanan de él. La fidelidad a nuestro credo, la constancia y cada vez más intenso modo de vivir nuestra fe, no significa la imposición violenta de éste al resto de nuestros semejantes, sino la indicación con el ejemplo y nuestro modo de ser de cuál es el camino de la “verdad y a la esperanza”, lo que significa, en medio de un mar inmenso de verdades y esperanzas, nuestra señal de evangelización, pilar de nuestra Iglesia.

El Papa Benedicto XVI prosigue el camino, largo y difícil del diálogo en un mundo que se mueve entre cotas inconstantes que nos agreden y turban en su volatilidad. La violencia se desata y se vuelve un valladar para las palabras que procuran explicar. Todo parece vano en un mundo donde nadie quiere escuchar al prójimo, y donde el culto al odio parece querer imponerse. Ante tanta confusión y desvalorización, se impone la mesura y la introspección para escuchar la voz de una sabiduría intensa que el hombre ha de buscar no en el vocerío incomprensible de la feria, sino en el Verbo íntimo que dice y significa cuando se le oye, y que establece el primer escalón de un posible diálogo.

La importancia raigal del ecumenismo como norma de convivencia en nuestro mundo actual, decide más de un camino, pero sobre todo, decide un punto de comienzo. Beber en las fuentes de la Historia, en los saberes antiguos que ella nos guarda, nos hará saber cuán unidos estamos todos, y cuán semejantes las “verdades” que luego la prepotencia del conocimiento único escindió.

Fiel a este propósito, Vivarium presenta en esta nueva edición, textos de muy variadas líneas de especulación teórica y de muy disímiles concepciones filosóficas y religiosas, que van desde un misticismo cristiano revelado en la figura de San Vicente de Paúl –y en homenaje al 150 aniversario de la llegada de los Padres Paúles a Cuba-, reflexiones en torno a la llamada “New Age”, hasta las bases del pensamiento oriental apoyado en las dos grandes corrientes que permearían el pensamiento occidental: el averroísmo y el avicenismo, intuiciones que luego se recogen en un pensamiento poético-filosófico en figuras de gran raigambre actual. Rescatado desde las oscuras manos del olvido, y que llena el espacio de la remembranza, se recuerda, a propósito del bicentenario de su muerte, al sacerdote Luis Marie Nicolás Peñalver Cárdenas, sellado en la memoria histórica de la ciudad como el “Ángel de La Habana”. Diálogo ecuménico entre dos miradas, la ortodoxa cristiana y la que propone en sí mismo la visita, escudriñadora de interlocutores náuticos, del Facebook, que buscan ambas romper la soledad abrumadora del hombre ante la Nada -el vacío de fe-, para alcanzarse en la esperanza de un eco o una réplica, es la propuesta cómplice y confabuladora de la creación literaria.

Fragmento especial de eterna recordación al amigo y maestro, es el dossier que dedicamos a la memoria del profesor José Orlando Suárez Tajonera, quien fuera integrante de nuestro Grupo, cuya influencia formativa en tantísimos artistas cubanos y de otras latitudes, fue determinante en el afianzamiento tanto de la cátedra de estética como disciplina independiente, como del crecimiento en calidad de la enseñanza artística en Cuba, y que le llevaran a obtener el Premio de la Enseñanza Artística. Homenaje al gran maestro de varias generaciones de creadores, algunos de sus alumnos, compañeros de cátedra, colegas y amigos -entre muchos de ellos los renombrados poetas Juana García Abás y José Luis Fariñas, también conocido artista de la plástica, la pianista Teresita Valiente, los periodistas Raquel Jacomino y Jesús Dueñas, y la ensayista Ivette Fuentes- rinden tributo a la persona que acumulara tantos dones que sin poder con ellos todos, los prodigara a quien los pidiera. Pleno de cortesía y cortesanía, de amabilidad y honor, la cultura cubana y en especial el pensamiento latinoamericano, tiene deudas por saldar con el sabio y humilde filósofo, que con igual tono impartiera conferencias en las más prestigiosas universidades del mundo, y compartiera el mejor tesoro que tuviera entre sus manos, el grano de maíz que llevaba en sí toda su grandeza.

Diálogo entre hombres, conversación amable de los espíritus que así se entrelazan para acompañar la marcha de su peregrinar. Vivarium sigue proponiendo razones de diálogo –profuso canto y melodía- a quienes quieran escuchar.

El Editor